Hay cosas que durante mucho tiempo no supe explicar.
Por qué determinadas palabras se quedaban conmigo durante días.
Por qué después de una consulta médica necesitaba tanto tiempo para procesar todo lo que había escuchado.
Por qué un comentario que probablemente otra persona olvidaba cinco minutos después podía acompañarme durante horas.
Por qué le daba tantas vueltas a las cosas.
Por qué necesitaba comprender.
Comprender lo que me estaba pasando.
Comprender por qué me estaba pasando.
Y sobre todo, sentir que los demás también lo comprendían.
Durante muchos años pensé que simplemente era mi manera de ser.
Hasta que descubrí algo que me ayudó a entenderme un poco mejor:
soy una persona altamente sensible.
Y cuando miro hacia atrás y pienso en todo lo que he vivido con la endometriosis y con los tratamientos de fertilidad, hay muchas cosas que ahora comprendo de otra manera.
Quiero aclarar algo antes de continuar.
No todas las mujeres con endometriosis son personas altamente sensibles.
Ni ser una persona altamente sensible significa vivir la endometriosis de una determinada manera.
Son realidades completamente diferentes.
Yo solamente puedo hablar de lo que sucede cuando ambas cosas coinciden en una misma persona.
Como sucedió en mí.
Y quizá, mientras lees esto, también reconozcas algo de ti.
¿Qué significa ser una persona altamente sensible?
No soy psicóloga.
Tampoco pretendo explicar la alta sensibilidad desde un punto de vista clínico.
En este blog siempre hablo desde mi experiencia, y este artículo no es diferente.
Para mí, descubrir la alta sensibilidad significó empezar a comprender por qué durante toda mi vida había sentido determinadas cosas con tanta intensidad.
Ser una persona altamente sensible no significa simplemente ser alguien que llora fácilmente o que es más vulnerable.
Tampoco significa ser débil.
Tiene que ver con una forma de procesar profundamente los estímulos y la información, con una mayor sensibilidad ante determinados estímulos y en muchas personas, con una vida emocional intensa.
En mi caso significa observar mucho.
Pensar mucho.
Sentir mucho.
Y también, a veces, sobrepensar.
Volver a una conversación horas después.
Preguntarme si debería haber dicho otra cosa.
Analizar una mirada.
Una frase.
Un silencio.
Anticipar escenarios que todavía no han ocurrido.
Necesitar tiempo para procesar algo que emocionalmente me ha afectado.
Y cuando esa forma de sentir se encuentra con una enfermedad como la endometriosis, las cosas pueden hacerse especialmente intensas.
Cuando además tienes endometriosis
La endometriosis no solamente entró en mi cuerpo.
Entró en mi vida.
En mis planes.
En mi trabajo.
En mi relación con mi propio cuerpo.
En mis decisiones.
En mi futuro.
Y durante mucho tiempo hubo algo especialmente agotador: intentar que los demás entendieran lo que me estaba ocurriendo.
Porque la endometriosis no siempre se ve.
Puedes estar sentada delante de alguien y parecer perfectamente bien.
Puedes sonreír.
Puedes trabajar.
Puedes arreglarte.
Puedes continuar con tu día.
Y nadie ve necesariamente todo lo que está sucediendo dentro de ti.
Entonces intentas explicarlo.
Explicas el dolor.
Explicas el cansancio.
Explicas por qué hoy no puedes hacer aquello que ayer sí podías.
Explicas por qué necesitas descansar.
Explicas que no es solamente una menstruación dolorosa.
Explicas que no estás exagerando.
Explicas.
Y explicas.
Y vuelves a explicar.
Hasta que un día también te cansas de explicar.
Porque vivir algo difícil ya requiere mucha energía.
Pero intentar constantemente que los demás comprendan lo difícil que está siendo puede agotarte todavía más.
Y cuando eres una persona que procesa profundamente lo que ocurre a su alrededor, esa incomprensión puede quedarse contigo durante mucho tiempo.
El desgaste de necesitar que te comprendan
Creo que esta ha sido una de las cosas que más me ha costado aprender.
Durante mucho tiempo necesité que los demás entendieran.
Necesitaba que comprendieran por qué estaba cansada.
Por qué determinados comentarios me dolían.
Por qué necesitaba tiempo.
Por qué algo aparentemente pequeño para otra persona podía ser enorme para mí.
Y cuando no sucedía, aparecía la frustración.
¿Cómo puede no entenderlo?
¿Cómo puede decirme esto sabiendo lo que estoy viviendo?
¿Cómo puede actuar como si no pasara nada?
Le daba vueltas.
Una vez.
Y otra.
Y otra.
Hasta que con el tiempo empecé a hacerme una pregunta diferente.
¿Y si el problema no es conseguir que todo el mundo me comprenda?
¿Y si lo que necesito aprender es qué hago yo cuando no me comprenden?
No hablo de resignarnos.
Ni de aceptar que alguien nos trate mal.
Ni de dejar de explicar lo que necesitamos.
Hablo de algo diferente.
De comprender que quizá no podamos controlar hasta dónde es capaz de entendernos otra persona.
Pero sí podemos trabajar en la manera en que nosotros procesamos esa incomprensión.
Y para mí eso ha supuesto un aprendizaje enorme.
Uno que todavía continúa.
Y entonces llegaron los tratamientos de fertilidad
Si convivir con una enfermedad que muchas personas no comprenden puede resultar difícil, atravesar tratamientos de fertilidad añadió otra capa completamente diferente.
Porque hay experiencias que son muy difíciles de comprender desde fuera.
Puedes explicar qué es una transferencia.
Puedes explicar qué medicación estás tomando.
Puedes contar cuándo tienes una revisión.
Puedes decir que una prueba ha sido negativa.
Pero explicar lo que sucede dentro de ti es mucho más complicado.
¿Cómo explicas lo que significa esperar un resultado cuando has puesto tanta esperanza en él?
¿Cómo explicas el miedo a recibir otra llamada?
¿Cómo explicas la ilusión que intentas contener para protegerte?
¿Cómo explicas un negativo después de semanas imaginando que quizá esta vez sí?
¿Cómo explicas que necesitas tiempo cuando desde fuera parece que simplemente “no ha funcionado”?
Hay cosas que solamente comprendes de verdad cuando las atraviesas.
Y creo que durante mucho tiempo luché contra eso.
Quería que los demás entendieran exactamente cómo me sentía.
Pero ¿cómo podían hacerlo?
Una persona que nunca ha pasado por un tratamiento de fertilidad puede acompañarte.
Puede quererte.
Puede escucharte.
Puede intentar ponerse en tu lugar.
Pero probablemente nunca podrá saber exactamente lo que tú estás sintiendo.
Igual que alguien que nunca ha vivido con endometriosis puede intentar comprender el dolor, pero no sentirlo en su propio cuerpo.
Y si además eres una persona altamente sensible, todo aquello puede sentirse todavía más intenso.
El tratamiento.
La incertidumbre.
Las palabras.
Los silencios.
Las preguntas.
Los consejos que no has pedido.
Los anuncios de embarazo.
Las conversaciones familiares.
La espera.
Los negativos.
El miedo.
Y también tus propios pensamientos.
Porque a veces lo que más ruido hace no está fuera.
Está dentro.
Cuando tu cabeza no sabe apagar el ruido
Creo que una de las partes más difíciles para mí ha sido aprender a convivir con mi propia manera de procesar las cosas.
Porque puedo salir de una situación, pero mi cabeza puede quedarse dentro durante horas.
Puedo terminar una conversación y continuar teniéndola mentalmente.
Puedo recibir una noticia y necesitar mucho más tiempo del que otras personas esperan para colocarla dentro de mí.
Y durante mucho tiempo pensé que tenía que dejar de ser así.
Ahora creo algo diferente.
No necesito dejar de sentir profundamente.
Necesito aprender a cuidar esa sensibilidad.
Porque también forma parte de mí.
Y eso ha supuesto empezar a preguntarme:
¿Qué necesito ahora?
¿Necesito hablar?
¿Necesito silencio?
¿Necesito alejarme un poco de algo que me está sobrecargando?
¿Necesito dejar de explicar?
¿Necesito poner un límite?
¿Necesito llorar?
¿Necesito simplemente tiempo?
No siempre tengo la respuesta.
Y no siempre consigo gestionar lo que siento como me gustaría.
Hay días en los que sigo sobrepensando.
Hay comentarios que todavía me afectan.
Hay situaciones que me cuesta muchísimo soltar.
Pero ahora intento no añadir otra batalla a todo eso:
la batalla contra mí misma por sentir como siento.
Quizá los demás nunca lleguen a entenderlo completamente
Esta reflexión ha sido difícil para mí.
Porque todos queremos sentirnos comprendidos.
Especialmente cuando estamos sufriendo.
Pero he empezado a aceptar que algunas personas nunca van a entender completamente lo que significa vivir con endometriosis.
Otras nunca comprenderán lo que supone atravesar un tratamiento de fertilidad.
Y algunas tampoco entenderán qué significa procesar el mundo con una sensibilidad diferente.
No necesariamente porque sean malas personas.
Simplemente porque no lo han vivido.
Y quizá esperar que todo el mundo consiga comprender exactamente cómo nos sentimos nos coloca delante de una batalla imposible.
Yo no puedo entrar en la cabeza de otra persona y obligarla a sentir como yo.
Pero puedo aprender a conocerme.
Puedo decidir cuánto explico.
Puedo elegir con quién comparto determinadas cosas.
Puedo poner límites.
Puedo buscar personas con las que sí me sienta comprendida.
Puedo pedir ayuda cuando la necesite.
Y puedo aprender, poco a poco, a no medir la credibilidad de lo que siento por la capacidad de otra persona para entenderlo.
Esto último me parece especialmente importante.
Que alguien no comprenda tu dolor no significa que tu dolor no exista.
Que alguien no comprenda tu sensibilidad no significa que estés sintiendo demasiado.
Y que necesites más tiempo para procesar algo no significa que lo estés haciendo mal.
No quiero dejar de ser sensible
Hubo momentos en los que habría querido sentir menos.
Pensar menos.
Que determinadas cosas me afectaran menos.
Probablemente habría sido más fácil.
Pero hoy no estoy segura de querer convertirme en alguien diferente.
Porque esa misma sensibilidad que algunas veces me ha hecho sufrir también me permite emocionarme profundamente.
Conectar.
Observar detalles.
Crear.
Escuchar.
Disfrutar de cosas pequeñas.
Sentir una canción.
Perderme pintando durante horas.
Percibir belleza donde quizá antes pasaba de largo.
Mi sensibilidad no es solamente la parte de mí que siente el dolor.
También es la parte que siente intensamente la vida.
Quizá por eso mi objetivo ya no sea endurecerme.
Quizá sea aprender a sostenerme.
Si tú también sientes que todo te afecta demasiado
Si tienes endometriosis.
Si has pasado o estás pasando por tratamientos de fertilidad.
Si además eres una persona altamente sensible.
Y alguna vez has sentido que todo era demasiado…
quiero decirte algo que también intento recordarme a mí misma.
No necesitas conseguir que todo el mundo entienda tu historia para que tu historia sea válida.
Habrá personas que te comprenderán muchísimo.
Otras lo intentarán.
Y habrá quienes, por mucho que expliques, nunca consigan ponerse realmente en tu lugar.
No podemos controlar eso.
Lo que sí podemos hacer es aprender a escucharnos.
Conocernos.
Buscar nuestras propias herramientas.
Rodearnos, cuando podamos, de personas con las que no tengamos que justificar constantemente lo que sentimos.
Pedir ayuda profesional cuando sintamos que necesitamos acompañamiento.
Y empezar a tratarnos con la misma sensibilidad con la que muchas veces tratamos a los demás.
Porque quizá la respuesta no sea conseguir que el mundo entero aprenda a sentir como nosotros.
Quizá una parte de la respuesta sea aprender nosotros a vivir en el mundo sin dejar que cada incomprensión nos rompa un poquito por dentro.
No sé si algún día dejaré de darle vueltas a determinadas cosas.
No sé si llegará un momento en el que algunos comentarios simplemente resbalen.
Probablemente no.
Sigo aprendiendo.
Pero ahora sé que sentir profundamente no significa vivir sufriendo profundamente.
Podemos aprender a canalizar.
A poner límites.
A alejarnos cuando necesitamos silencio.
A acercarnos cuando necesitamos compañía.
A pedir ayuda.
A descansar.
A reconstruirnos.
Y, sobre todo, podemos aprender a comprendernos nosotros cuando sentimos que los demás no consiguen hacerlo.
Si estás leyendo esto y reconoces algo de ti en estas palabras, me gustaría que supieras que hay alguien al otro lado que también ha sentido muchas veces que el mundo hacía demasiado ruido.
Yo también he querido que me entendieran.
Yo también me he frustrado cuando no ha sucedido.
Yo también he sobrepensado conversaciones, palabras y silencios.
Y sigo aprendiendo.
A sentir sin ahogarme en lo que siento.
A escucharme sin juzgarme.
A proteger mi sensibilidad sin esconderla.
Y a aceptar que quizá no necesito que todo el mundo comprenda mi manera de vivir las cosas.
Quizá sea suficiente con empezar por comprenderla yo.
Y desde ahí seguir caminando.
Con endometriosis.
Con todo lo vivido.
Con mis cicatrices.
Con mi sensibilidad.
Pero también con muchísimas ganas de seguir descubriendo todo lo bonito que todavía puede traer la vida.
Porque sentir intensamente también significa tener la capacidad de disfrutar con mayor profundidad de las emociones agradables.
Y esa parte de mi sensibilidad no quiero perderla nunca.
Con todo mi cariño,


¿Cómo lo has vivido tú?